El cerebro autonómico o contar hasta diez


Uno de los factores más importantes que determinan nuestro bienestar es la autonomía, es decir, la percepción de que puedes gobernarte a ti mismo y no tener que adoptar decisiones dictadas por otras personas.


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Algunas investigaciones sobre los elementos más determinantes de la felicidad sitúan a la autonomía como uno de los factores más importantes que inciden sobre nuestro bienestar psicológico. Además, varios estudios sobre motivación establecen al deseo de autonomía como el factor más importante como elemento estimulador para la persecución y obtención de los objetivos propios.

Ahora bien, algunos cambios de mentalidad o de perspectivas pueden cambiar la percepción de nuestra propia autonomía. Tomemos un ejemplo simple: la fila en la caja del Super. Usted ha hecho la compra y se le hace tarde para preparar la cena. Justo delante suyo hay un individuo que hizo una compra grande y además no encuentra su tarjeta para efectuar el pago y no tiene dinero, por tanto está algunos minutos buscando la tarjeta entre sus ropas. Cuando algo así nos sucede, sentimos enojo porque pensamos que esta persona se está apropiando de nuestro tiempo, o al menos eso nos parece. Lo que nos ocurre posteriormente es que nos damos cuenta que tenemos otras alternativas, en este caso, ir a otra caja, por ejemplo. Cuando vemos de que existen otras alternativas se calma nuestra ira y el nivel de percepción de autonomía vuelve a aumentar.

Pero además de las personas y las situaciones que pueden menguar nuestra sensación de autonomía, existe otro potencial ladrón de autonomía pero que se encuentra dentro de nosotros. Uno que nos acompaña a donde vamos, y a diferencia del individuo del Super, este es mucho más rápido.

Piense en el momento del Super, cuando se da cuenta que va a retrasarse y se le hace tarde para todo lo que tiene que hacer después. Seguramente su ira provocará algunas reacciones, por ejemplo, que su piel sude o tensione los puños, todo eso antes de pensar conscientemente acerca de la posibilidad de hacer una evaluación de la situación. La razón de esto es que la respuesta al estrés se inicia en el sistema límbico del cerebro, que es mucho más rápido que el proceso de pensamiento y de planificación, que suceden en partes más nuevas del cerebro.


Cuando una persona se siente repentinamente enojada, el sistema límbico emite señales que activan, por ejemplo, las glándulas sudoríparas y los músculos (por eso en estos casos podemos sudar y apretar los puños). Este proceso es mucho más rápido que el cerebro racional.

Por tanto, teniendo esto en cuenta, para preservar su bienestar y recuperar la autonomía de su cerebro, tiene que dar un tiempo para que los procesos neurales de los pensamientos conscientes retomen el control. Y para lograr eso, puede que tenga que utilizar una de las herramientas más antiguas de la ciencia de la psicología: contar hasta diez.



No es lo que dices sino como lo dices


Cuando un bebé interactúa con su madre emite un montón de sonidos inentendibles y es muy común que la madre haga lo mismo, después de todo, el niño no comprende lo que su madre le dice. Es decir, no es importante lo que le dice sino como se lo dice.


decir

El lenguaje que utilizan las madres con sus bebés es bastante diferente del lenguaje común. El tono de voz es distinto, el ritmo es más regular y hay abundancia de repeticiones.

Varios investigadores han estudiado las conexiones entre el lenguaje materno y la evolución del lenguaje humano. Por ejemplo, algunos antropólogos están convencidos que el habla evolucionó a partir de las vocalizaciones de las madres calmando a sus bebés.
Según esta hipótesis, el lenguaje humano comenzó a desarrollarse a partir de estas expresiones verbales maternas, que con el transcurso de muchas generaciones se fueron convirtiendo en una forma de comunicación entre los demás miembros de la tribu.

Nuestros primos evolutivos, los chimpancés, también viven en sociedades relativamente complejas, en las que se construyen y mantienen las relaciones sociales a través del aseo mutuo, y aunque este aseo también tiene un propósito higiénico, es en la limpieza de la piel donde se consolidan gran parte de sus relaciones sociales.
Si bien los seres humanos también participamos de este tipo de comportamientos, por ejemplo, arreglarle la ropa a otra persona, hemos encontrado una manera mucho más fácil y eficaz de construir y mantener esas relaciones: la conversación. Por tanto, para el ser humano la conversación tiene un cometido similar de construcción de vinculaciones sociales que el aseo de los chimpancés.

Dicha hipótesis, que si bien no consigue asegurar como fue exactamente la evolución del lenguaje, se centra en los aspectos sociales del uso del habla y además nos induce a pensar en lo que el lenguaje verdaderamente es, o sea, un sistema de trasmisión de pensamientos de una persona a otra.
Ciertamente, el lenguaje puede ser utilizado para trasmitir información, y sin embargo, dos amigos que conversan durante horas, pasado un tiempo, probablemente lo único que quede grabado en sus memorias es que pasaron un buen momento de charla, pero no recuerden los detalles de lo que hablaron.

En otras palabras, pensemos que frecuentemente en nuestras relaciones sociales no es tan importante el contenido sino la comunicación de sentimientos y la construcción de mutua confianza y afecto. O sea, una charla agradable entre amigos tiene mucho en común con el lenguaje de una madre con su bebé. Esto es así porque nuestro cerebro, que alguna vez fue el cerebro de un bebé, instintivamente analiza primero no lo que le dicen sino como se lo dicen.



Las tres memorias, nuestros verdaderos baúles de recuerdos


Cuando se habla de tipos de memoria generalmente se piensa con respecto a la diferencia entre la memoria de corto y largo plazo. Es bien conocido que la memoria de corto plazo funciona durante períodos de segundos o minutos, mientras que la memoria de largo plazo tiene una capacidad de almacenamiento potencialmente ilimitado y que además, es mucho más estable.


memoria recuerdo

Sin embargo, somos menos conscientes de que además existen tres tipos diferentes de memorias de largo plazo, y que sería bueno conocerlas ya que dicen mucho de cómo se organizan nuestros recuerdos.

Para tener una idea de cómo funcionan estos diferentes tipos de memorias, veamos estas tres preguntas:

a) ¿Sabe si el uso del casco protector mientras anda en bicicleta es obligatorio o no dónde usted vive?
b) ¿Recuerda alguna ocasión cuando estaba aprendiendo a andar en bicicleta que se haya caído de ella?
c) ¿Si puede subir a una bicicleta y andar sin ningún problema, cómo es capaz de hacerlo?

Las respuestas a estas preguntas vienen de tres tipos de memoria muy diferentes. Si usted sabe la respuesta de la primera pregunta es porque dicha respuesta la ha recuperado de su memoria semántica. La memoria semántica es la que almacena el conocimiento acerca de las leyes, las reglas, las matemáticas, la lógica y los acontecimientos históricos. Si sabes las respuestas a preguntas tales como '¿Quién era el presidente de Estados Unidos cuando los japoneses atacaron Pearl Harbor?', o '¿Cómo se le llama a un polígono que tiene seis lados?' o '¿Cuál es la edad mínima legal para conducir un vehículo?' es porque las tienes guardadas en esta memoria. Piense en la memoria semántica como una enciclopedia con conceptos y definiciones que usted tiene almacenada en su cabeza.

Ahora veamos si recuerda la respuesta a la segunda pregunta, ¿recuerda aquellas primeras veces que montaste una bicicleta y que te hayas caído? Quizás recuerdas la emoción de cuándo tu padre te soltó y anduviste unos metros sin ayuda y la posterior caída que raspó la rodilla. La memoria episódica almacena nuestras experiencias sensoriales, perceptivas y afectivas. Normalmente se almacenan como imágenes secuenciales. En particular se suelen almacenar en función de su valor afectivo, es decir, cuanto más fuerte es la asociación emocional con la experiencia, mayor es la probabilidad de que la recordemos.


Aunque almacenan diferentes tipos de información, ambas memorias, la semántica y episódica son parte de la memoria declarativa. Esto básicamente significa que son accesibles a la percepción consciente de cada uno, o sea, que hacen referencia a aquellos recuerdos que pueden ser evocados de forma consciente, como un acontecimiento concreto y específico.

Veamos la tercera, si le preguntamos a alguien cómo es capaz de andar en bicicleta, seguramente la persona responda "básicamente subo a la bicicleta y comienzo a andar", lo que en realidad no responde a la pregunta.
Las personas tenemos algunas reglas conceptuales básicas, por ejemplo, en el caso de andar en bicicleta es importante agarrar velocidad rápidamente para mantener el equilibrio. Algunas de estas reglas pueden no ser conscientes, sencillamente porque no podemos recordar el momento en que asimilamos dicho conocimiento. Estos patrones de acción se almacenan en un tipo de memoria totalmente diferente, la memoria procedimental. Esta memoria es la que interviene para que no olvidemos las habilidades ejecutivas y motoras imprescindibles para efectuar una tarea, además puede ejecutarse de forma totalmente independiente de los otros tipos de memoria más conscientes.

La memoria es un prodigio de la mente que nos permite retener experiencias pasadas, y además, codificar y recuperar dichas experiencias. Un punto importante a entender es como tres sistemas de memorias tan diversas pueden, a su vez, actuar como un todo, es decir, absolutamente integradas y coordinadas.



9 razonamientos erróneos y muy comunes que todos cometemos


Muchas veces, nuestro diálogo interno guía a nuestros razonamientos en la manera de como interactuamos con las demás personas. También juega un papel muy importante en como nos sentimos con nosotros mismos. Sin embargo, muchas veces estos pensamientos conscientes no son realistas.


razonamiento error

Sin dudas que la clave está en reconocer estos razonamientos equivocados, por tanto, veamos algunos de los más comunes que generalmente cometemos.


1.) Pensamientos blanco o negro

A veces vemos las cosas como un todo o nada. Es muy común que, por ejemplo, tengamos dos categorías de compañeros de trabajo en mente: los buenos y los malos. O tal vez nos fijamos en cada uno de nuestros proyectos como un éxito o un fracaso. Reconocer los tonos de grises es mejor que poner las cosas en términos de todo bien o todo mal.


2.) Generalizar

Es fácil tomar un evento en particular y generalizarlo al resto de nuestros pensamientos. Si usted no ha podido llegar a un acuerdo sobre determinado asunto puede pensar "no soy bueno para llegar a acuerdos con los demás". Tome nota de los tiempos cuando un incidente se aplica a una sola situación específica, en lugar abarcar todas las demás áreas de su vida.


3.) Obviar el lado positivo

Si le suceden cosas buenas y una cosa mala, es muy común filtrar lo bueno y enfocarnos en lo malo. Decir que hemos tenido un mal día a pesar de los acontecimientos positivos que seguramente se han producido. Prescindir de una perspectiva equilibrada obviando lo positivo impide un punto de vista más realista de la situación.


4.) Suponer pensamientos ajenos

No podemos saber lo que está pensando otra persona, sin embargo, todo el mundo de vez en cuando asume estar seguro lo que está considerando la mente de otra persona, y generalmente terminamos haciendo deducciones que no necesariamente están en lo cierto. Simplemente porque no podemos hacer conjeturas precisas acerca de las percepciones de los demás.


5.) Catastrofismo

Es bastante común en mucha gente pensar que las cosas son peores de lo que realmente son, incluso aunque no haya evidencia de que la situación sea negativa. Una vez que nuestra forma de razonar sobre determinado tema se vuelve negativo, puede ser muy fácil ser arrastrados hacia el catastrofismo. Cuando comience con predicciones pesimistas, recuerde que hay muchos otros posibles resultados.


6.) Razonamiento emocional

Nuestras emociones no siempre se basan en la realidad, pero a veces asumimos que esos sentimientos son racionales. Es esencial reconocer que las emociones, al igual que nuestros pensamientos, no siempre se basan en los hechos reales.


7.) Etiquetar

Etiquetar implica poner un calificativo a algo o alguien. En lugar de pensar "cometió un error" es bastante común etiquetar a alguien como "un tonto". El etiquetado, tanto de experiencias como de personas, frecuentemente se basa en incidentes aislados. Observe cuando intenta clasificar las cosas y evite poner etiquetas mentales a todo.


8.) Personalización

A pesar de que somos conscientes de que el mundo no gira a nuestro alrededor, tendemos a personalizar con mucha facilidad. Si alguien no nos devuelve una llamada es probable que pensemos que está enojado con nosotros. Antes de enfocarse en personalizar una situación piense que hay otros factores que pueden estar influyendo en las circunstancias.


9.) Compararnos con otras personas

Una práctica muy común es compararnos con otros individuos, esto puede deteriorar nuestra motivación. Es habitual que cuando alguien tiene éxito enseguida aparezcan los paralelismos "yo debería haber sido capaz de hacerlo". No todas las personas tenemos las mismas ventajas competitivas o golpes de suerte por el camino. En lugar de cotejar su vida con la de otros, indudablemente lo mejor es centrarse en su propio camino.