Nuestros sentimientos responden a imágenes, no a números


¿Por qué los números no logran cambiar nuestros sentimientos o empatía hacia determinadas situaciones?


sentimientos y números

Hace un tiempo, Elizabeth Dunn, profesora de psicología de la universidad British Columbia (Canadá), realizó un experimento sobre la reacción de la gente ante una tragedia en un lugar lejano y el impacto que podría generar el número de víctimas.
Para ello escogió a un grupo de voluntarios. A la mitad de los participantes les mostró una noticia extraída de un periódico en la cual se describía un incendio forestal y que a causa de dicho siniestro habían fallecido dos personas. A la otra mitad de los participantes se les hizo leer una noticia, también acerca de un incendio forestal, pero en este caso los muertos eran doce.
Se podría pensar que ante una mayor cantidad de víctimas, el sentimiento de pena o pesar podría ser mayor. Pero no, en situaciones como esta, la gente es insensible a los números.

¿Por qué ocurre esta situación? En comparación con nuestra historia evolutiva, los números como símbolos de comunicación son invenciones culturales muy recientes. Esto significa que las partes más antiguas de nuestro cerebro, que incluyen las regiones sensoriales y donde se generan las emociones, no los entienden muy bien. En cambio, estas regiones primitivas del cerebro son mejores comprendiendo imágenes.

Tanto es así, que la profesora Dunn volvió a repetir el mismo experimento con distintas personas, pero esta vez le introdujo un cambio: acompañada de las noticias estaban las fotos de las personas fallecidas.
Esta vez sí, los participantes experimentaron mayores niveles de pesar con la noticia de mayor número de muertes.


Cuánto menos gente, más satisfacción al donar

Por otra parte, en otra investigación realizada en la Universidad de Oregón, se encontró que la gente mostraba más preocupación por una trágica historia acerca de una sola persona, que por una historia trágica acerca de muchos individuos. De hecho, en este sentido los estudios muestran que, en promedio, la gente dona más dinero y queda más complacida por dicha donación para una beneficencia cuando la descripción se refiere a una sola persona, que cuando se refiere a muchas.

Esto ocurre porque la compasión y empatía son generadas por nuestro cerebro primitivo, y el cerebro más viejo simplemente no se ocupa de los números. Sin embargo, responde muy bien a los estímulos sensoriales, como ya vimos en el experimento de los incendios forestales.
En el segundo experimento ocurre algo similar, cuando una persona necesita ayuda, dicho individuo tiene nombre, apellido y un problema en concreto, esto crea una imagen emocional en nuestra mente. En cambio, cuando el problema es de muchas personas es difícil hacer una imagen mental que realmente capture el sufrimiento de muchos individuos. En este caso, el cerebro piensa en esas personas en base a números, esto lleva a actuar más fríamente, porque como vimos, cuando nuestro cerebro más primitivo piensa en base a números se torna más insensible.

Nuestras mentes son excelentes para detectar cambios, pero una vez que entiende un patrón, las piezas individuales que componen ese patrón se desvanecen en la conciencia. Si a esto le sumamos que una parte de nuestro cerebro no entiende de números, tenemos como resultado una gran incapacidad para comprender la magnitud de determinadas tragedias humanas, y por qué muchas veces quedamos impasibles ante ellas.



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