Breve ensayo sobre la castración


farinelli

Dentro del enorme catálogo de crueldad que los seres humanos han infligido a otros, sin dudas que la castración ocupa un lugar especial, entre otras cosas, porque la persona queda sin la posibilidad de dejar descendencia. Pero además de la inevitable infertilidad, la castración reduce la producción de la hormona masculina por excelencia: la testosterona.

La castración se ha empleado a lo largo de la historia por diversos motivos: como una forma de esclavizar al enemigo ya que lo hacía más dócil, para castigar a criminales o para reducir los impulsos de delincuentes sexuales. En la práctica médica actual, la orquiectomía se emplea para tratar el cáncer testicular, y por lo general, se limita a la extirpación de un solo testículo. O se pueden eliminar ambos, para contrarrestar un cáncer de próstata mediante la reducción de los niveles de testosterona. También después de una lesión física importante.

La palabra castración se remonta a la época medieval en donde los castores eran cazados para extraerles una especie de glándula semejante a los testículos (en realidad no lo era ya que tanto machos como hembras la tienen). De dicha glándula se extraía una sustancia llamada castoreum a la cual se le atribuían propiedades curativas.

Las primeras castraciones humanas de las que se tenga conocimiento se produjeron en la ciudad sumeria de Lagash, y datan de unos 4 mil años. En China, el eunuco estaba fuertemente arraigado en la cultura imperial, esto persistió a través de dos docenas de dinastías, hasta 1911 cuando fue depuesto el último emperador. Las castraciones no sólo se realizaban como castigo sino también como un requisito previo para ingresar en el servicio imperial. Hacia el final de la dinastía Ming (1368-1644) había unos 70 mil eunucos al servicio del emperador. El último eunuco conocido de la corte imperial china se llamaba Sun Yaoting, murió en 1996, pocos días antes de cumplir 94 años.


Efectos de la castración

La castración después de la pubertad, lo que convierte a los hombres en eunucos, disminuye o elimina por completo el deseo sexual. Algunas características físicas de los eunucos son: menor masa muscular, escasa fuerza física, la reducción del pelo en el cuerpo (por lo general no tenían barba) y el crecimiento de mamas.
Históricamente, el eunuco era utilizado en Oriente por alguien importante como protector de su harem, aunque también eran destinados a cargos políticos, incluso militares, ya que eran menos proclives a generar disturbios.

En un contexto completamente diferente, la castración también se ha llevado a cabo en niños y jóvenes antes de la pubertad para impedir el crecimiento de su laringe, y por tanto, de las cuerdas vocales. Lo que le hacía mantener una voz de niño pero en un cuerpo de hombre, es decir, con una capacidad pulmonar y torácica propia de un adulto. En estos casos, la edad habitual de la ablación era entre los 7 y 9 años. Estos individuos conservaban un registro voz para el canto inusualmente amplio. Los castrati recibían una completa instrucción musical durante diez años. Posteriormente, eran adoptados por alguien de la iglesia o la aristocracia para desarrollar su carrera artística.


Los castrati en la Capilla Sixtina

Con Italia como epicentro, el entusiasmo por las actuaciones musicales de los castrati prevaleció durante más de trescientos años, desde mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XX. Destacados compositores como Mozart o Handel escribieron específicamente para los castrati varias óperas. La iglesia católica desempeñó un papel decisivo en todo esto, de hecho, en 1558 se incorporaron castrati al coro de la Capilla Sixtina. Más aún cuando a mediados del siglo XVI el Vaticano prohibiera a mujeres formar parte de dicho coro.
Recién en 1878, y en vista de una creciente oposición, el Papa León XIII prohibió la castración por parte de la iglesia católica. Posteriormente, el Papa Pío X fue quien oficializó el fin de esta práctica en 1903.


El último "castrati" empleado por el Vaticano, Alessandro Moreschi el "Ángel de Roma" cantó en el coro de la Capilla Sixtina de 1883 a 1903. Murió en 1922 a la edad de 63 años.

Los castrati y la salud

Hasta hace poco, no se conocían muchos datos sobre los efectos de la castración en la salud del individuo. Sin embargo, algunos estudios recientes han dado cuenta de resultados sobre dos esqueletos de eunucos de la dinastía Ming. Los científicos concluyeron que estos individuos habían sido castrados antes de la pubertad y que algunas fusiones de huesos que normalmente se producen al inicio de la edad adulta, se habían producido más tarde.
En 2011, antropólogos de la Universidad de Bolonia dieron a conocer un informe sobre la exhumación de los restos del cantante italiano Carlo Broschi (1705-1782), quien alcanzó una fama legendaria bajo el nombre artístico de Farinelli. Dicho estudio determinó una fusión ósea incompleta en huesos de las extremidades, baja densidad ósea (osteoporosis). También se halló una 'hiperostosis frontal interna' (un engrosamiento óseo desmesurado de la tabla interna del hueso frontal), algo bastante común en mujeres posmenopáusicas, pero raro en hombres.


¿Vivían más los hombres castrados?

Ya en 1849 Arnold Berthold, profesor de medicina de la Universidad de Gottingen (Alemania) había realizado experimentos en animales castrados, con el resultado de que éstos vivían más que los animales no castrados. Incluso en aquella época y antes, también existía este mito sobre los seres humanos. Una explicación a esto era que el cuerpo de los hombres castrados tiende a feminizarse, y de hecho, las mujeres viven más que los hombres.

Sin embargo, un estudio realizado en 1993 por Eberhard Nieschlag, investigador de la Univerisdad de Munster (Alemania), no encontró una concluyente diferencia entre 50 cantantes de ópera "castrati" nacidos entre 1851 y 1858, y la misma cantidad de cantantes no castrados nacidos entre los mismos años El promedio de vida de los castrati fue de 65,5 años y la de los no castrados de 64,3, una diferencia para nada significativa.


Referencias:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3222842/
https://www.jstage.jst.go.jp/article/ase/118/2/118_090430/_html



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