Aprender a hablar es aprender a interactuar


Es difícil estudiar cómo los niños realmente empiezan a utilizar el lenguaje. Parte del problema es que tratamos el lenguaje como una cosa a ser estudiada independientemente de cómo se usa. Es decir, básicamente nos centramos en las palabras que los niños aprenden o la forma en que estructuran esas palabras en oraciones simples y (eventualmente) más complejas.



Otro problema es que cuando el niño comienza realmente a utilizar el lenguaje, la situación es bastante desordenada. Al principio, padres o cuidadores interactúan con el pequeño, tratan de hacer alguna actividad juntos y utilizar algunas palabras que pueda entender. También, es muy común el mostrarle objetos para que el niño los nombre. Básicamente, el lenguaje viene a ser una parte de un proceso más general.

Esto significa que estudiar realmente el desarrollo del uso del lenguaje requiere no sólo mirar las palabras que los niños están utilizando, sino también la complejidad de las interacciones entre los niños y las personas que les rodean.
Con respecto a esto último, un interesante artículo se publicó hace unos meses en la revista "Child Development" (desarrollo del niño) donde un grupo de investigadores observó a niños (de ambos sexos) durante varios años para comenzar a trazar cómo estas interacciones cambian con el tiempo.


La investigación

El sondeo consistió en observar la manera en que un grupo de pequeños interactuaba con sus madres a partir del año y medio de edad y hasta los cinco años y medio.
En cada visita, la madre y el niño jugaban a un juego que el investigador preparaba. La situación consistía en planificar varias “escenas” para que el niño jugara y en las que la madre tenía que ayudar al niño a alcanzar algún objetivo. Con el tiempo, las acciones se fueron haciendo más dificultosas, a medida que las habilidades del niño aumentaban.
Por ejemplo, en una escena, el investigador trajo varios objetos a la habitación, los colocó en un armario y volvió a salir. Entonces, la madre debía ayudar a su hijo a ocultar los objetos en un lugar diferente y luego hablar con el niño sobre los lugares donde el investigador pensaría que los objetos estaban cuando regresara a la habitación.

Algunos de los resultados fueron bastante obvios. Por ejemplo, al año y medio, la madre y el niño interactúan mucho entre sí, pero hay muy poco lenguaje hablado. Principalmente, la madre dirige las acciones del niño y ocasionalmente usa algunas palabras. Sin embargo, cuando el niño tiene 3 años, el lenguaje está profundamente arraigado en las interacciones. Casi todas las acciones tomadas por la madre o el niño se acompañan con palabras.
Un cambio interesante en el tiempo es que a edades más tempranas, las madres están realmente dirigiendo la interacción. Ellas están estableciendo una estructura para la forma en que la tarea debe realizarse, moviendo objetos y haciendo preguntas, principalmente. Pero cuando el niño tiene cinco años, la interacción es mucho más equilibrada. La madre todavía lidera, pero el niño también hace más sugerencias y recomendaciones.

Otro cambio que se produjo fue el tipo de cosas que se describieron con el lenguaje. A los tres años, gran parte del lenguaje se centra en objetos y elementos observables. A los cinco años, en cambio, hay mucha más discusión sobre las relaciones entre objetos, no solo sobre los objetos en sí mismos.

Un aspecto sorprendente del estudio es que a la edad de 2 años y medio, hay mucha variabilidad entre los niños en la cantidad de lenguaje que están utilizando y la forma que interactúan con sus madres. A esa edad algunos de los pequeños usan el lenguaje en casi todas las interacciones y éstas se tornan más complejas, en cambio, otros niños utilizan muy poco lenguaje y sus interacciones tienden a no ser tan complejas.
Sin embargo, a los 3 años y medio, casi todos los niños usan el lenguaje como principal medio de comunicación en todas sus interacciones con la madre.


Esto significa que tan pronto como los niños aprenden a hablar razonablemente bien, sus interacciones cambian inmediatamente al uso del lenguaje, y conjuntamente a esto, ocurre una mayor complejidad en dichas interacciones con otras personas.

Lo bueno de este trabajo es que se centra tanto en el uso de palabras y oraciones, como en el tipo de interacciones que los niños están teniendo con otros individuos. De esta forma, brinda una mejor comprensión de cómo se desarrolla el habla y como el niño va transformando su lenguaje y, al mismo tiempo, como lo va conectando con mejores formas de interactuar.


Referencia:
http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/cdev.12189/abstract



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